El cigarrillo
El consumo de cigarrillo o tabaco, desde su creación entre los años 2000 y 3000 a.C, ha sido considerado como el medio más popular y aceptado para el consumo de sustancias psicoactivas.
Si bien, en la antigüedad no era considerado como un agente nocivo, el cigarrillo ha sido tipificado dentro del marco de insalubridad, siendo este considerado como un problema de salud pública debido a las diferentes investigaciones realizadas que demuestran los graves efectos que tiene sobre la salud.
En efecto, en las diferentes comunidades como las que habitaban en el altiplano andino, se denotaba a quien fumaba tabaco como una persona importante, que llegaba a tener un alto mando y poder dentro de la misma, pero esto ha ido cambiando con el tiempo, y se ha convertido en un hobbie para muchos, y en una peligrosa adicción para otros.
Ahora bien, el uso del cigarrillo se ha transformado en una forma de demostrar madurez y en un modo de denotar “superioridad” ante la sociedad, haciendo que cada vez mas personas sucumban a sus efectos.
Como se ha mencionado anteriormente, existe un impacto negativo del cigarrillo en la salud, que ciertamente son dañinos tanto para el consumidor activo como para el consumidor pasivo. Según la fundación colombiana del corazón, el cigarrillo es la principal causa de daños pulmonares, afectando las vías respiratorias y haciendo propenso al sistema pulmonar a contraer infecciones y bacterias, al igual que se demuestra un aumento de padecer cualquier tipo de cáncer, en especial cancer de pulmon. También se muestran efectos adversos sobre la presión arterial, el ritmo cardiaco, y la condición física; y se ve afectada la parte psicosocial debido al mal olor corporal que llegan a tener estas personas, al color amarillo de sus dientes, dedos y uñas, y a la apariencia envejecida que presentan.
El consumo de cigarrillo es tan dañino, que ciertos países como Bután han decidido prohibir su venta y consumo público. Pese a el emprendimiento de dichas acciones, estas no son suficientes para mitigar el daño provocado por la adicción creciente al cigarrillo, puesto que cada vez más industrias comercializan el cigarrillo, y lo venden de manera indiscriminada a todo tipo de poblaciones, de géneros, de edad, porque lo que importa al fin al cabo es vender.
Aunque no cabe duda de que las grandes industrias expendedoras de cigarrillos siempre ponen en sus carátulas mensajes preventivos, que pueden tornarse amenazadores, sobre el consumo excesivo del cigarrillo, estos tienen más un fin lucrativo que un verdadero fin de prevención, disminuyendo desde allí el pago de impuestos y aportando gran parte de sus ganancias al sector salud.
En conclusión, el consumo de cigarrillo se ha vuelto una adicción más por una influencia social que por una convicción propia, afectando de manera significativa a la salud y atentando contra la vida misma. No obstante, esto no es culpa meramente de quien consume cigarrillo, sino también de las empresas que generan grandes pubicidades atractivas al consumidor.

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